“AGUINALDO”
UNISEX
Aguinaldo
Un aguinaldo puede darse con las manos o con la voz. En español, la palabra nombra un regalo y también un canto de Navidad. En Puerto Rico, esos dos sentidos se encontraron dentro de una práctica concreta: llegar a una casa, ofrecer música y recibir hospitalidad.
El aguinaldo es una de las dos grandes formas de la música jíbara, junto al seis. No debe confundirse por completo con el villancico. Comparten el ambiente navideño y antecedentes religiosos, pero el aguinaldo puertorriqueño desarrolló melodías, usos y estructuras poéticas propias. Muchas de sus variantes llevan nombres de pueblos o regiones, como el cagüeño, el orocoveño, el cayeyano y el de Aguas Buenas. La geografía quedó guardada dentro del repertorio.
En buena parte del país se canta mediante la decimilla, una forma emparentada con la décima, pero compuesta por versos de seis sílabas. En el oeste también han sido comunes las coplas o cuartetas. Reducir cada verso de ocho a seis sílabas no vuelve fácil la composición. Le quita espacio al trovador y le exige resolver la idea con mayor economía.
El protocolo de la parranda antigua explica su función. El aguinaldo se cantaba afuera como saludo y homenaje al dueño de la casa. Cuando se abría la puerta, entraban la gente, la comida y los seises destinados al baile. La canción era literalmente una forma de acceso. Reconocía al anfitrión antes de pedir entrada.
También existían aguinaldos vinculados a promesas religiosas y a las celebraciones de Reyes. Otros trataban asuntos seculares. Esa amplitud demuestra que el género nunca fue una sola melodía ni un catálogo fijo de letras. Fue un sistema para componer, improvisar y relacionarse.
Su permanencia depende sobre todo de la transmisión oral. Los músicos aprenden tocando junto a otros, reconocen las melodías características y descubren cuándo entra la voz. La grabación ayuda a conservar ejemplos; la práctica conserva el género. Por eso el aguinaldo sigue apareciendo en arreglos de salsa, música popular y producciones contemporáneas. La forma cambia de ropa, pero todavía cumple su trabajo más antiguo: llegar como regalo y abrir la casa por medio del canto.