"COHETITOS Y CHERRYBONES"
COHETITOS Y CHERRYBONES
Hay sonidos que parecen pequeños, pero terminan convirtiéndose en parte de la memoria colectiva de un pueblo. En Puerto Rico, la Navidad también se reconoce por el estruendo de la pólvora: cohetitos, cherrybones y otros artefactos que, durante generaciones, han acompañado las celebraciones de diciembre, especialmente en los barrios y comunidades donde la fiesta se vive en la calle tanto como dentro de la casa. La tradición de la pirotecnia llegó a formar parte de esa manera tan nuestra de celebrar con intensidad, mezclando la influencia de costumbres europeas con una cultura caribeña que convirtió la Navidad en una celebración prolongada, ruidosa y profundamente comunitaria. Para muchos niños, aquellos primeros días de diciembre estaban marcados por el descubrimiento de algo tan sencillo como encender una mecha y correr; para los adultos, por el inevitable grito de “¡cuidado con eso!”. Y aunque hoy conocemos mejor los riesgos y las regulaciones que existen alrededor de la pirotecnia, sería difícil negar el lugar que esos sonidos ocuparon en la memoria de toda una generación. Porque cuando un cohetito explotaba en una esquina, no solamente había una explosión: había una señal. Era diciembre. Era Navidad. Era el barrio despertando a una temporada que, durante mucho tiempo, parecía tener su propio lenguaje. Quizás por eso, años después, escuchar un estallido a lo lejos puede devolvernos por un instante a una calle que ya no existe, a una casa que cambió, o a una infancia que no podemos recuperar. Y ahí entendemos que algunas tradiciones no sobreviven únicamente porque continuemos practicándolas; sobreviven porque permanecen dentro de nosotros como sonidos, olores y recuerdos que nos enseñaron, sin darnos cuenta, cómo sonaba la Navidad puertorriqueña.