“ESPÍRITU NAVIDEÑO”
UNISEX
ESPÍRITU NAVIDEÑO
Hay quien dice que la Navidad ya no es como antes, y quizá tenga razón, pero a veces pienso que no fue la Navidad la que cambió; fuimos nosotros. La Navidad puertorriqueña, como la conocemos hoy, no nació de una sola tradición ni de una sola generación, sino de siglos de encuentros culturales que fueron construyendo una celebración propia: las tradiciones cristianas heredadas de España, los instrumentos y prácticas musicales que evolucionaron en la isla, las aportaciones fundamentales de las comunidades africanas, los alimentos cultivados y utilizados desde mucho antes de la llegada europea y, sobre todo, una forma de celebrar que convirtió diciembre en una temporada de comunidad. Por eso nuestra Navidad históricamente ha sido mucho más extensa que un solo día: comienza temprano, se alimenta de música, reuniones, comida, parrandas, promesas, celebraciones religiosas y encuentros familiares, y tradicionalmente puede extenderse hasta enero con la llegada de los Reyes Magos. Pero mientras nosotros crecemos, también cambia la estructura de aquello que llamamos hogar. Los abuelos envejecen, los hijos emigran, las familias se dispersan, las casas se quedan más silenciosas y algunas personas que antes ocupaban un lugar alrededor de la mesa solamente existen ahora en nuestros recuerdos. Entonces uno empieza a preguntarse dónde quedó aquella Navidad que parecía tan grande cuando éramos niños. Y quizás la respuesta sea que nunca estuvo realmente en las luces, ni en los regalos, ni siquiera en la comida. Estaba en las personas que hacían posible todo aquello. Estaba en quien cocinaba durante horas, en quien ponía la música, en quien llegaba sin avisar, en quien mantenía viva una receta, en quien abría la puerta y hacía espacio para uno más. Por eso conservar el espíritu navideño no significa intentar reconstruir exactamente el pasado; significa entender qué había detrás de aquellas costumbres y decidir qué vale la pena llevar hacia adelante. Porque mientras alguien siga preparando unos pasteles como le enseñaron, mientras una canción vuelva a sonar en una casa, mientras alguien llegue con comida para compartir o mientras una familia encuentre una razón para sentarse junta, la Navidad no habrá desaparecido. Simplemente habrá cambiado de forma.