“TROVA JÍBARA"
UNISEX/
Trova Jíbara
Un trovador no llega con la mente vacía a esperar que aparezca la inspiración. Llega cargado de lenguaje, melodías, memoria, métrica y horas de escuchar a otros. La improvisación comienza mucho antes del instante en que abre la boca.
La trova jíbara puertorriqueña trabaja principalmente con la décima espinela: diez versos, por lo general de ocho sílabas, sometidos a un patrón estricto de rima. Mientras el cuatro, la guitarra, el güiro y la percusión mantienen el seis o el aguinaldo, el trovador tiene que construir una idea completa sin salirse del metro, repetir una rima o perder el tema. Pensar, medir y cantar ocurren casi al mismo tiempo.
Por eso reducir la trova a folclor pintoresco es un error de lectura. Allí hay una tecnología oral. El intérprete almacena terminaciones, imágenes, fórmulas métricas, noticias, historia y observaciones de la vida cotidiana. Luego combina ese archivo en tiempo real. Los temas pueden ser religiosos, amorosos o bucólicos, pero también políticos, satíricos e históricos. La voz del campo nunca estuvo limitada a hablar del campo.
La décima llegó a Puerto Rico desde la tradición hispánica y aquí adquirió una vida propia. Ya aparece asociada a las costumbres del país en textos del siglo diecinueve. Con el tiempo se volvió una de las formas más reconocibles de la expresión jíbara. Los concursos nacionales contemporáneos todavía exigen a los participantes improvisar décimas espinelas a partir de un pie forzado asignado. La práctica sigue siendo juzgada por contenido, dominio métrico, rima, desarrollo temático y capacidad de respuesta.
También conviene desmontar una vieja arrogancia. Durante mucho tiempo, las élites trataron lo campesino como falta de educación. Sin embargo, un trovador capaz de ordenar diez versos octosílabos bajo presión demuestra una inteligencia verbal entrenada, aunque ese conocimiento no haya nacido en un salón universitario. La oralidad no es ausencia de pensamiento escrito. Es otro sistema para conservar, organizar y poner a prueba el pensamiento.
La trova sigue viva cuando un verso responde al presente. Si solo repitiera composiciones antiguas, sería repertorio. Su autoridad nace de otra parte: toma una estructura de siglos y la obliga a pensar lo que está ocurriendo ahora.